El verano se despide, y con él las largas rutas bajo el sol, los encuentros improvisados en carretera y las paradas que siempre acaban en conversación junto a un capó abierto. Nuestros Morgan, fieles compañeros de viaje, han rodado lo suyo en julio y agosto. Ahora llega el tiempo de silencio en los garajes, donde cada coche se convierte en una escultura viva que espera paciente la próxima arrancada.
En este punto, la voz de Ángel Casquet, socio y mecánico de referencia del Club, suena como un recordatorio amable:
“Si lo vais a tener más de un mes sin arrancar, desconectad la batería. Es lo que más suele fallar cuando un clásico está parado. Y al volver a ponerlo en marcha, lo de siempre: niveles de aceite y agua, y si notasteis algún ruido raro al final del verano, revisad correas o pedid ayuda. Mejor hacerlo antes que quedarse tirado en la primera salida”.
El consejo parece de sentido común, pero es precisamente esa simplicidad la que marca la diferencia entre un Morgan que despierta de inmediato y otro que se resiste. Ángel insiste – “Lo más habitual es que la batería se venga abajo. Fuera de eso, suelen ir muy bien”. –
Descanso invernal
Claro que el descanso invernal pide algo más que vigilar el corazón eléctrico. Tras el polvo de verano, una limpieza minuciosa devuelve a la carrocería su brillo, con cera para sellar la pintura y mimo especial en los cromados, esos que tanto hacen que nuestros coches parezcan joyas sobre ruedas. En el interior, madera y cuero agradecen un acondicionador a base de aceites naturales para mantener la elasticidad y evitar que se resequen o agrieten, como a las gomas de las puertas, que un toque de silicona les ayudará a mantenerse flexibles. Y las ventanillas, mejor dejarlas apenas abiertas, para que el coche respire dentro del garaje.
No es mala idea tampoco llenar el depósito de combustible sin dejar cámara de aire: la gasolina protege el metal de la condensación y evita que el óxido juegue malas pasadas. Y si toca, un cambio de aceite y filtro mejor adelantarlo y dejarlo listo antes del letargo, no es nada recomendable que dejes aceite de motor viejo dentro durante todo el invierno. Tras un verano de uso, el aceite del motor puede contener ácidos y partículas de combustión que, en reposo prolongado, pueden atacar superficies metálicas internas.
Los neumáticos, siempre fieles al asfalto, necesitan presión extra, que se mueva el coche de tanto en tanto para no deformarse o levantar ligeramente el coche sobre borriquetas: colocando el Morgan en 4 soportes resistentes de modo que las ruedas queden apenas apoyadas (o incluso en el aire), quitas peso tanto a los neumáticos como a la suspensión. Por otra parte, no actives el freno de mano al dejarlo estacionado tanto tiempo, ya que las zapatas o pastillas podrían quedarse pegadas por óxido al disco o tambor. En su lugar, deja el coche en primera marcha (o marcha atrás) y calza las ruedas con tacos si es necesario, para asegurar que no se mueva. Ten en cuenta que el entorno donde va a descansar nuestro Morgan ha de ser un espacio seco, ventilado y cubrirlo con funda transpirable, casi como si fuera un bebé.
No olvides tampoco proteger el coche de posibles roedores o insectos: es conveniente tapar o sellar temporalmente vías de entrada como el tubo de escape y la admisión del carburador (por ejemplo, colocando una bolsa plástica o trapo que luego recuerdes quitar) para que ratones no aniden ni la humedad penetre por ahí . Finalmente, reduce cualquier carga innecesaria sobre la estructura: si tu Morgan tiene techo de lona desmontable, es preferible quitarlo y guardarlo aparte, ya que así evitas tensiones o que se pueda rajar con el frío.
Podría parecer un ritual complicado, pero en realidad es puro cariño. Ángel lo dice con una naturalidad que desarma – “una limpieza a fondo, mantener cromados y cuero, desconectar la batería si no se va a usar… poco más. Lo demás ya lo sabéis todos”.-
Y entre consejos y recomendaciones, Ángel nos cuenta que este fin de semana viaja a A Coruña, ya ha decidido desviarse hacia Viveiro para echarle un vistazo al Morgan de Antón, cuyo cuentakilómetros sigue dando problemas. Nada extraordinario para él: “ya que paso cerca, lo reviso”. Una escena que refleja lo que nos une: la pasión y la camaradería.
El invierno traerá calma, fundas puestas y motores en silencio. Pero con estos mimos y la complicidad de amigos como Ángel, sabemos que en cuanto llegue la primavera, bastará girar la llave para que nuestros Morgan despierten con su rugido característico. Porque un Morgan, aunque duerma, nunca deja de estar vivo.

