Cada salida del Club Morgan tiene su personalidad, pero hay algunas que dejan una huella especial. La de este año por el Parque Natural del Cabo de Gata ha sido una de esas escapadas que mezclan paisaje, emoción y buena compañía en dosis perfectas. Y el responsable de ello ha sido Ángel, socio y almeriense de corazón —nacido en Níjar— que, junto a su mujer y con la ayuda de Mercé en toda la parte gráfica y de rotulación, organizó su primera salida para el club… y la clavó.
La ruta partía desde Aguamarga, con base en un pequeño hotel situado en lo alto de un cerro con vistas al mar, tan encantador como limitado en plazas. Lo previsto eran 12 coches… pero el entusiasmo fue tal que acabaron siendo 15 Morgan los que se agruparon, perfectamente acoplados, sin perder ni un ápice de comodidad ni de espíritu.
El primer día se propuso recorrer el levante almeriense, con una inmersión en los paisajes más áridos de la península: la zona de Tabernas y Sorbas, con sus formas lunares, su luz cruda y ese aire cinematográfico que ha servido de escenario para tantos westerns. Muchos participantes no conocían esta faceta de Almería, y quedaron sorprendidos por su belleza salvaje.
La propuesta inicial incluía una parada en la famosa geoda de Pulpí, una de las más grandes de Europa, pero las lluvias previas dejaron la zona afectada por inundaciones y obligaron a cancelar la visita en el último momento. Lejos de deslucir la experiencia, Ángel y su equipo reaccionaron con agilidad, rediseñando el recorrido y proponiendo alternativas que sorprendieron a todo el grupo: una visita a una almazara familiar, donde aprendieron el proceso del aceite artesanal, y una curiosa exposición de minerales fluorescentes que brillaban bajo luz negra, generando un espectáculo inesperado.
Desde ahí, el grupo descendió hacia la costa, con parada en Mojácar, recorriendo los pueblos blancos, los acantilados y las curvas suaves cerca de la costa.
Pero si algo emocionó especialmente fue la velada del viernes por la noche, donde los organizadores prepararon una sorpresa inolvidable: un espectáculo flamenco en directo, íntimo, auténtico, lleno de duende. El grupo se dejó llevar por la música, los palos, las palmas… y alguna copa que otra. “La gente se quedó asombrada”, resume Ángel, que ya había ganado el cariño de todos antes de que empezara a sonar la guitarra.
Oro, minas y mares de luz
El segundo día se recorrió el Parque Natural de Cabo de Gata por la costa sur del parque natural. La caravana recorrió el interior del Valle de Rodalquilar, con parada en las antiguas minas de oro, donde se proyecta una pieza audiovisual que cuenta su historia: de enclave minero a lugar mítico de leyendas y resistencia y posterior subida al faro de Cabo de Gata y por la tarde parada en Níjar. Fue una ruta suave, sin excesos de kilómetros, perfecta para disfrutar del entorno y de las conversaciones al volante.
Almería mostraba su mejor cara: nubes que dejaban ver el sol, sin viento, sin una gota de lluvia. “Nos hizo un tiempo espectacular”, nos cuenta Ángel. “Ni una racha de aire. Un lujo.”
El cierre de la salida fue tan equilibrado como el resto: paisajes diversos, tramos de conducción ligera, tiempo para la charla, la foto y la risa. La experiencia dejó claro que, además del buen gusto por los coches, en el Club Morgan hay cantera de organizadores con talento.
Y si esta fue la primera salida organizada por Ángel… no queremos imaginar cómo será la segunda. Por si acaso, que no se despiste mucho, porque ya le estamos guardando sitio para el próximo calendario.

