Franco Bruno y el misterio que hay en los Morgan

Franco Bruno y el misterio que hay en los Morgan

Franco Bruno descubrió España y los Morgan de una tacada. Todo sucedió en un lejano 1978, año en el que llegó a nuestro país a lomos de un Ferrari 308 GT 4, un coche con el que era imposible pasar desapercibido. Esta montura le permitió conocer y acercarse de una forma muy fácil a un grupo de nuevos amigos, todos apasionados de los coches, los neumáticos y las rutas por carretera. Sobre ruedas, todo se hace más fácil.

En ese nuevo círculo de amigos, locos por la velocidad y la gasolina, se encontraba el feliz propietario de un Morgan Plus 8 /3.500, un coche que sorprendió agradablemente a Franco por su sencilla manufactura, por la sorprendente falta de amortiguación y por la dificultad que entrañaba la maniobra con el volante sin el auxilio de la dirección asistida. Un coche muy espartano, pero rebosante de encanto.

Tras unos años de trabajo en plena Sierra Nevada y debiendo desprenderse del Ferrari, muy a su pesar, se convirtió en piloto de un Mercedes 300… de gasóleo. ¡Vaya cambio, Franco! Pero a finales del 1990, la Expo de Sevilla se convierte en la oportunidad de acercarse de nuevo a Marbella y retomar contacto con sus amigos “locos por las cuatro ruedas” que a pesar de los años transcurridos, seguían tenido por tema favorito de sus discusiones a ¡los coches!

Con la llegada de la jubilación, Franco decide quedarse a vivir definitivamente en Marbella y es el momento oportuno de buscar un Morgan. Descubre un 1.600 con motor Ford Cortina, un vehículo que estaba en muy malas condiciones; aparcado a la intemperie, algunas maderas podridas y con la pintura bastante deteriorada, ideal para un manitas amante de las cuatro ruedas. Nada más comprarlo, comenzó con la restauración. En unos meses lucía como nuevo. Así es Franco.

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Con el Morgan ya presentable, acudió a Madrid, al certamen Retromóvil, en el que conoció a Luis Herreros y al entonces presidente del Club Morgan, Tete Sola. Ipso facto, Franco fue nombrado socio número 85 del Club. Hasta hoy.

Con este, su primer Morgan, Franco ha cruzado unas cuantas veces la península ibérica, acompañado de su amigo y copiloto, el Dr. José Maria Rejón. Juntos han participado en muchas concentraciones hasta han recorrido el Camino de Santiago… siempre pasándolo muy bien junto a otros “morganistas”.

Como dice el refrán “uno, no es ninguno” y con el gusanillo del Morgan en vena, Franco encuentra, en el verano de 2000, una oportunidad en Estepona. Un Morgan Plus 8 /3.900, del 1979.

Un coche fantástico, con unos escasos 6.000 kilómetros y en un estado casi perfecto. Con él ha participado en muchas concentraciones y a pesar de vivir tan al sur y tener que cruzar media península para participar en los eventos del Club Morgan, le encanta ser socio. Se siente muy especial, son algo más que amigos, todos personas muy entrañables, sinceras y sencillas.

Franco es la cara visible del Club en la delegación de Andalucía y cada dos años se encargaba de organizar concentraciones en las que elaboraba un rutómetro casi perfecto. Para conseguirlo, tenía que repetir varias veces el recorrido, tomando notas en todas las curvas, en los cruces y de todo lo que se podía destacar a lo largo del camino. Además a cada participante se le entregaba un libro que explicaba, con mucho detalle, todas las características de los pueblos que se cruzaban.

Un año organizó el recorrido de Los Pueblos Blancos. Reservó un hotelito en Ronda, con garaje en la planta baja. A pesar de la gran afluencia de inscritos, unos 35 coches y más de setenta personas, se consiguió aparcar todos en el garaje del hotel, casi uno encima del otro. Así son los morganistas…

Como dice el refrán “no hay dos sin tres”, en los primeros años de la década de 2010 y en el mismo sitio que compró su último Morgan, se topó con un Plus 8 /3.500 procedente de Países Bajos, con el colector de escape modificado que le daba un sonido muy personal. Tanto es así que su vecina, Concha Páez, se enamoró del sonido de ese motor y le dijo – “Franco, ese coche es para mí” – No tuvo más remedio que vendérselo. Concha se inscribió en el Club y participó también a algunas salidas. Años después Concha le dio la oportunidad y volvió a recomprarlo.

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Franco define la pasión por el Morgan como “masoquismo puro y duro”, pero le tranquiliza saber que en el Club hay varios socios poseedores de más de un Morgan. Debe ser contagioso.

Franco intenta resolver el misterio – “Esta pasión que despiertan los Morgan, es algo que todavía no consigo entender. Cuando estamos en una concentración y cruzamos un pueblo, todo el mundo te saluda y sonríe. Sin embargo, cuando voy con otro coche, alguno más bonito que el Morgan – hay que reconocerlo – nadie te saluda. Muchas veces me he preguntado el por qué y hasta ahora no he encontrado la respuesta” – y en un arrebato de sinceridad, finiquita el argumento – “Perdonadme esta libertad, pero objetivamente los Morgan es lo menos parecido a un coche cómodo, con una total y absoluta falta de confort. Para un Morgan, los amortiguadores todavía no se han inventado y los frenos tienen mucha personalidad… En verano te quemas y el radiador parece una cafetera. Cuando llueve es una aventura poner la capota, tanto que a veces es mejor mojarse que pelear con ella… Un gran sabio de los coches, me dijo una vez: un Morgan es como una diva, ¡todos los hombres la desean, pero todos la sufren cuando la tienen!”

Esperamos con curiosidad conocer el cuarto modelo de Morgan con el que Mr. Bruno nos sorprenderá en sus escapadas por Marbella… ¡Gracias Franco!