El Mediterráneo une, no hay discusión al respecto. Por eso los socios de Cataluña, Castellón y Valencia organizan escapadas conjuntas que empiezan con cuatro coches y terminan con doce…
Doce Morgan. Tres días. Una ciudad abierta y un territorio por descubrir.
La salida comenzó con la llegada de los socios de Cataluña, que aterrizaron en Valencia con puntualidad y apetito. Comida frente al hotel, en el Club de Golf Escorpión, y después una inmersión guiada en la ciudad: Ciudad de las Artes y las Ciencias, el centro histórico, la Plaza del Ayuntamiento, la Plaza de la Virgen… y, como manda la tradición, un Agua de Valencia para cerrar el paseo.
El viernes arrancó lo serio. A las 9:15, motores en marcha desde Bétera rumbo a una de esas carreteras que parecen dibujadas pensando en un Morgan. Buñol, Macastre, Dos Aguas, la Canal de Navarrés, Quesa, Navarrés, Antella, Gavarda, Alzira… una sucesión de curvas, paisajes y pueblos que nos recuerdan por qué estos coches piden secundaria y rehúyen la autovía.
La comida en Casa Salvador, en Cullera, fue el alto en el camino perfecto antes de subir al castillo y asomarnos al mirador, imaginando desembarcos moriscos y carreras de motos de los años sesenta al otro lado de la montaña. El regreso por El Saler nos regaló una puesta de sol en la Albufera que justificaba por sí sola el viaje.
El sábado, más territorio Morgan. Caminos entre naranjos que no aparecen en el rutómetro —pero sí en la memoria de quien sabe conducir rutas de verdad—, paso por Serra, Segorbe y Artana, alcornoques y rodeno, el Desierto de las Palmas y aperitivo con vistas antes de llegar al Náutico de Oropesa para la despedida final.
Ocho coches de Cataluña, tres de Valencia y uno de Soria. Doce en total. Kilómetros compartidos, sobremesas largas y esa sensación que siempre se repite: el viaje termina, pero la próxima ruta ya empieza a dibujarse en la cabeza.
Gracias Pepa por la crónica y Angie por las fotos!