Xicu: El aventurero que bajó de la moto para domar un Morgan

Xicu: El aventurero que bajó de la moto para domar un Morgan

Dejó de ser jefe de taller de 50 mecánicos para volcarse en el mundo de la empresa y de la tecnología aplicada al automóvil, pero cuando Xicu se baja del avión de un viaje de negocios y se sube a su Morgan, solo busca la verdad del asfalto. “Hoy los coches van solos; en el Morgan, el que conduce eres tú y sientes la conexión con la carretera”.

Los socios en el Morgan Sports Car Club España están enamorados de la estética romántica, del espíritu Morgan, del alma de los clásicos, pero Xicu (Roses, 1968), no puede evitar ver el Morgan como un conjunto de piezas ensambladas, diagramas, pares de apriete y soluciones de ingeniería. Para este gerundense, la mística no está en el brillo del cromado, sino en la honestidad de la máquina. Profesionalmente, Xicu ha recorrido todo el escalafón: desde el mono manchado de grasa hasta la gestión de grandes equipos y, actualmente, el liderazgo de su propia empresa de servicios tecnológicos para talleres.

Sin embargo, a pesar de conocer las entrañas de los motores más sofisticados del mercado, su garaje personal cuenta una historia de nostalgia y manos llenas de grasa. “Para mí, el Morgan es un coche. Cuando lo veo, en mi mente aparece un chasis, cableado y componentes mecánicos“, confiesa con una franqueza que desarma. Esa mirada técnica, lejos de restarle magia a nuestro amado Morgan, le otorga un valor superior: si alguien que sabe cómo funciona un coche moderno por dentro confía en la casa Malvern, es porque ahí hay algo que la tecnología actual no puede replicar.

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Un proyecto compartido y el relevo del MGB

Antes de la llegada del Morgan, hubo un MGB de 1972. Pero no fue un capricho de catálogo, sino un rito de conexión familiar. “Lo compramos con mi hijo, que estudia ingeniería mecánica, y lo desmontamos entero para restaurarlo. Tornillo a tornillo, pieza a pieza, para luego volver a montarlo todo y hacerlo funcionar. Fue un proyecto compartido, una forma de pasar tiempo juntos haciendo lo que nos gusta”, explica. Fue precisamente ese coche el que le sirvió de puente hacia el Club, aunque para el empujón definitivo hizo falta algo de tiempo y la mano de un viejo conocido.

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“Simón Martínez me abdujo”, comenta entre risas. La oportunidad de acceder al Morgan que perteneció a los socios Ignasi y Montse fue el detonante final. “No era comprar por comprar, era dar una nueva vida a un coche que tantas alegrías había dado a sus antiguos propietarios”. Antes, fueron meses de puyas y bromas por parte de Simón. Xicu sucumbió al reto de su amigo, vendió el MG y dio un triple salto mortal al Morgan. Fue caer y descubrir una sensación que los vehículos contemporáneos han enterrado bajo capas de asistentes de conducción. Para Xicu, la diferencia es muy clara: mientras los coches modernos se han convertido en meros “modos de transporte” donde el conductor es un pasajero más, el Morgan exige presencia, concentración y toma de decisiones. “Es una sensación pura, de ir muy pegado al suelo, con movimientos muy precisos del volante. Notar el coche es lo que yo llamo una conducción real”.

Del escepticismo al “buen rollo” del Club

A pesar de su bagaje, Xicu entró al Club con la cautela propia del que no quiere hacer ruido. En nuestra charla, insiste con humildad en que, como socio nuevo, aún tiene “poco recorrido” en comparación con los veteranos. “Al principio piensas: ¿Qué voy a aportar yo? Pero luego sales de ruta por Comillas, Matarraña o Valencia, compartes kilómetros, sobremesas y te das cuenta de que esto es otra cosa”.
Acostumbrado a referencias de terceros que cuentan de clubes de clásicos donde a menudo impera el postureo o los intereses comerciales, Xicu se encontró con una sorpresa agradable al desembarcar en el Morgan Sports Car Club de España. “Estos Clubes suelen ser sitios de gente algo estirada, que aprovecha para hacer negocios, contactos, pero este es diferente, es un Club de amigos, amantes del Morgan, donde nadie te pregunta a qué te dedicas. Aquí solo se viene a disfrutar del momento, de los kilómetros y la conducción, de las sobremesas y de las risas. Es un grupo fantástico donde solo importa el camino”. Esa falta de pretensión es, precisamente, lo que le ha terminado de conquistar.

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De las pistas de Senegal a las curvas de Cuenca

La vida de Xicu no se entiende sin el movimiento constante. Apasionado de las dos ruedas en formato trail y montaña, su currículum de aventurero impresiona a cualquiera: ha cruzado Estados Unidos de costa a costa por pistas de montaña y buena parte de Europa, ha atravesado España por montes, de este a oeste y de norte a sur, ha recorrido Vietnam entre arrozales y senderos y lleva más de 30 años bajando a Marruecos, su lugar favorito para perderse a lomos de su moto. De hecho, atiende nuestra llamada en un momento frenético: acaba de aterrizar de un viaje y ya está cambiando la maleta para irse a Senegal en moto de trail.

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Ante la eterna duda de si prefiere las dos o las cuatro ruedas, Xicu no se lo piensa: las motos son su gran pasión, pero admite que el Morgan es el único coche capaz de darle esa sensación de libertad y control total que busca en sus expediciones. Por eso, el Morgan ya tiene su sitio reservado en el calendario de este año. No quiere perderse ninguna salida. Le esperan las rutas de Marruecos, Costa Brava, Cuenca y Granada, donde su ojo clínico seguirá analizando cada mejora que le hace al coche, pero donde, sobre todo, seguirá ejerciendo de “el nuevo socio” con ganas de sumar kilómetros y anécdotas en este grupo que ya siente como familia.

Gracias Xicu, ¡disfruta de las dos y las cuatro ruedas!