Oriol y Marta. Vivir la carretera.

Oriol y Marta. Vivir la carretera.

Oriol es un barcelonés del 62 que desde niño ya apuntaba maneras en esto de la pasión por las cuatro ruedas. Siendo casi un adolescente ya muestra interés por los coches, los clásicos… y por supuesto, los Morgan… tenía muy claro que algún día sería el feliz propietario de un coche de la factoría Malvern, lo tenía tan claro que con 17 o 18 años se compró una insignia del Real Automóvil Club de Cataluña para mi Morgan – pensó – cuando tenga mi Morgan, me la voy a poner – Oriol pensaba ya en su Morgan del futuro, claro. Lo que no podía imaginar Oriol es que su amor por el Morgan le llevaría a conocer al amor de su vida… pero no adelantemos acontecimientos, que vienen curvas.

Recapitulemos. Oriol quiere un coche clásico, quiere un Morgan, pero todavía no es el momento. Mientras se alinean los astros y ante la imposibilidad de acceder al vehículo de sus sueños, Oriol conduce un Lotus, – de momento me toca el Lotus – piensa – pero la lucecita del Morgan sigue parpadeando en el salpicadero de sus emociones.

Nos acercamos al año 2004. Oriol no es muy amigo de clubes, es más de ir por libre, pero tras su experiencia con el Lotus y ante la inminente llegada de su coche, el Morgan Sports Car Club España es todo un descubrimiento para él – muy bien – piensa – seguro que si tengo alguna duda o avería o problema con mi Morgan, me vendrá bien conocer otros propietarios… – Oriol ni se imagina lo que se le viene encima…

En su primera salida con el Club, Oriol acude con su Lotus. Está todavía a la espera de recibir su 4/4 y descubre, con agradable sorpresa, a un Club alejado de los estereotipos que él había preconcebido. Ni maniáticos del Morgan, ni frikis de la mecánica… el Club lo conforman un grupo de amigos sobre cuatro ruedas, encantados de compartir rutas, experiencias, consejos, sobremesas… la pasión, la devoción, el hobby y el motor le conforman un coctel perfecto, a partes iguales.

Pero el Club Morgan le supone a Oriol un punto de inflexión en su vida. Allí conoce a Marta, morganista que justo deja el Club cuando Oriol entra. Se masca la tragedia, o la comedia, según se mire… ella deja el Club, pero no las amistades, que la animan a volver, a las salidas, a los encuentros. Ella vuelve y se convierte en la copiloto de Oriol, al volante y en la vida. Y ahí siguen, conduciéndose mutuamente.

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Marta y Oriol se conocieron junto al Morgan

Con estos mimbres, poco más le puede pasar a Oriol al volante de un Morgan… quizás que le pille un chaparrón en un semáforo, saque el paraguas en vez de capotar y la Guardia Urbana de Barcelona se quede tan a cuadros que ni atine a pararle y a tirarle de las orejas por la imprudencia en plena Avenida Diagonal… O que tus amigos acudan a tu boda con sus mejores galas, sobre las ruedas de sus Morgan…

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Los amigos del Club invitados a la boda acudieron con sus Morgan… ¡cómo no! 

Oriol confiesa sus emociones al volante; si te gusta conducir, el Morgan te ofrece una conducción pura, ni dirección asistida ni más intermediarios tecnológicos, conduces pegado al suelo, desprovisto de techo, en contacto permanente con el entorno. No hace falta correr, conducir un Morgan no va de velocidad, va de sensaciones, va de vivir la carretera.  Para muestra, un botón, la capota es algo muy opcional, si caen cuatro gotas, se saca el paraguas y solucionado. Algo no tan opcional es la enorme posibilidad de personalización del Morgan. Lo compras a tu gusto y poco a poco vas incorporando detalles para hacerlo más tuyo todavía; retrovisores, palanca de cambio, volante, acabados… algo que hace al Morgan todavía más irrepetible.

Amigos, kilómetros, paisajes, el Morgan es el catalizador para Marta y Oriol de tantas experiencias vividas….

¡Gracias por compartir tanto con nosotros!

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Oriol junto al sueño de toda una vida, cumplido