Antonio Berdeal, Antón para sus amigos

Antonio Berdeal, Antón para sus amigos

Crecer en un pueblo de Lugo, en la España de los años 50, significaba trabajar en el campo casi desde niño y aprender de la vida con media pierna sumergida en el Cantábrico, recogiendo percebes y demás frutos marinos. Antonio, Antón para sus amigos, llegó a la juventud con las ganas de crecer y trabajar intactas, conocedor del valor de la ferralla para el boom de la obra pública en una España que comenzaba a dar pasos de gigante, supo trabajar mucho y bien. Hoy cuenta orgulloso que su acero y su hormigón está presente en decenas de puentes y en casi todos los puertos de nuestro país. 

Escucharle es oír hablar a un marinero en tierra, siempre mirando al horizonte, midiendo el oleaje y siempre con los pies en tierra firme.

Aquel Antón joven, emprendedor, trabajador, imparable, tenía pasión por las cuatro ruedas. Le costó algo de tiempo conseguir su primer coche, no se pudo sacar el carnet de conducir hasta los 26 años y había que trabajar mucho… pero su ilusión no paró de crecer y ahora su garaje acoge una colección de siete u ocho modelos de lo más variopinto, entre ellos, un Morgan.

El flechazo morganista sucedió en A Coruña, en el concesionario de la Porsche, allí estaba el Morgan algo desvencijado, pero con ese halo de elegancia y saber estar que traen de fábrica los hijos de la casa Malvern. Sucumbió al aumento de la comercial –Antonio, si usted no tiene un Morgan, nunca tendrá una verdadera colección de coches”. Pensado y hecho, comprado, restaurado y a recorrer kilómetros… su primera salida rumbo a Évora, en Portugal, la comparte con el Morgan Sports Car Club de España, un grupo heterogéneo de apasionados del Morgan que dedican su tiempo de ocio a recorrer la península y mas allá, “porque conduciendo tu Morgan” – nos cuenta Antón – “te sientes libre, golpeado por el viento en la cara, admirado desde las aceras y otros coches con los que te cruzas y saludan… la descarga de adrenalina en las curvas, las carreteras secundarias interminables… todo esto te hace sentir que estás vivo”. 

Antón encaja a la perfección entre tanto apasionado de las cuatro ruedas y desde ese momento se hace habitual de salidas y excursiones. “Por mi trabajo conocía al dedillo la costa española, no había pueblo o rincón costero que no conociese, pero gracias al Club he descubierto paisajes y rincones de interior que de otra manera, me hubiera perdido…” nos cuenta Antonio. 

Aquel primer Morgan dio pie a un segundo, más moderno y con muchas posibilidades de personalización, hobbie que Antón compartía con su mecánico y entre ambos llenaron el Morgan de detalles y estilo personal “como una Harley de cuatro ruedas” nos dice Antón.

anton y morgan

Pero el Club es algo más que salidas y excursiones para Antón, la vida te trae amigos y compañeros de viaje, algunos se quedan un tiempo, otros se pierden en el camino, pero los amigos del Club Morgan permanecen. Antón siempre dice, orgulloso, que él puede moverse por toda España que en cualquier parte donde se encuentre siempre tendrá un amigo del Club Morgan. 

Gran conductor, Antón hace kilómetros sin descanso, a pesar de las protestas de Ángeles, su mujer, por lo incómodo que a veces se hace el viaje, han recorrido la península y alrededores de arriba a bajo… de Marbella a Viveiro de un tirón, pasando por todas las estaciones; sol, lluvia y nieve en Despeñaperros… y siempre con su sonrisa puesta. “Todavía recuerdo las risas en Ciudad Real. Tuvimos que cruzar el canal de un río que en aquel momento se hallaba inundado, todos pasamos sin problemas, algo de agua entró, pero con las mismas fuimos desaguando, pero nos acompañaba Willy, un socio con su Morgan de Tres Ruedas que se encharcó bastante y nos tocó achicar agua con lo que encontramos…” 

La actual situación de pandemia le está pasando factura, Antón necesita salir, hacer kilómetros, recorrer la ruta de La Plata o visitar Paradores o lo que sea… pero salir y charlar con sus amigos del Club, gente buena y auténtica como Antonio, Antón para sus amigos.