Mercè, debilidad por los Morgan

Mercè, debilidad por los Morgan

Hay personas que llegan al universo Morgan buscando un coche clásico. Y luego están quienes llegan casi sin darse cuenta, convencidas de que aquello será un capricho pasajero… hasta que un día descubren que llevan años recorriendo rutas, enlazando salidas y esperando con ganas la próxima escapada del Club.

Con Mercè Bruned ocurre algo parecido.

Quien la conozca únicamente desde el entorno Morgan probablemente la identifique enseguida con las carreteras del Empordà, con Simón, con las rutas por la Costa Brava o con esa mezcla tan suya de discreción y sentido práctico. Lo que quizá menos gente imagina a primera vista es que detrás hay una ingeniera informática especializada en visión artificial, alguien que trabajó en el CERN, el gran laboratorio europeo de física de partículas, y que lleva desde mediados de los noventa vinculada al desarrollo tecnológico y al escaneado 3D industrial.

Y, sin embargo, cuando habla de Morgan, lo hace desde un lugar mucho menos técnico.

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Einstein al volante de un Morgan

Su primer contacto con la marca llegó precisamente en Ginebra, allí, entre científicos brillantes y personajes bastante excéntricos, como ella misma nos recuerda, empezó a ver pequeños deportivos ingleses circulando por el recinto. Un día apareció alguien con un Morgan rojo. “Tenía un aspecto de científico loco, como siempre hemos visto retratado a Einstein”, cuenta divertida, recordando aquel tipo despeinado subido en un coche imposible.

En aquel momento no imaginaba que años después acabaría viajando regularmente en uno de ellos.

El paso del tiempo la llevó hacia otra etapa de su vida, junto a Simón. Ambos, inquietos y apasionados, disfrutaban de viajes y escapadas, pero la historia dio un giro cuando Simón apareció un día anunciando que había comprado “el coche de sus sueños”. Sorpresa…

Mercè ya había escuchado aquella frase antes, así que esperaba cualquier cosa sobre cuatro ruedas… menos un Morgan. El primer paseo, justo cuando lo recogieron, fue una pequeña colección de desastres: quedarse sin gasolina, derramarla por todo el coche y volver a quedarse tirados en plena Serranía de Ronda. Y aun así, entre avería y avería, empezó a entender qué tenía aquel coche tan raro, tan inglés y tan poco razonable.

“Me pareció pequeño, simpático, lleno de carácter y profundamente inglés”, explica. Y ahí empezó todo.

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Dulces sueños en un Morgan

Mercè tiene una manera muy particular de describir la experiencia Morgan. Mientras mucha gente habla de sensaciones deportivas, sonido o conducción, ella habla… de sueño.

Literalmente.

Cuenta que jamás consigue dormirse en un coche moderno. Da igual lo cómodo que sea, los asientos o el silencio. Siempre aprovecha el ir de copiloto para esa reserva pendiente, responder un correo o curiosear lo que depara el camino. En cambio, en un Morgan, y especialmente en los más clásicos, se queda dormida con facilidad cuando viaja de copiloto.

Ni ella misma sabe explicarlo del todo. Quizá sea el viento, la madera, el ruido mecánico o esa desconexión obligatoria que impide mirar el móvil y obliga simplemente a estar presente. Pero le ocurre. Y le sigue haciendo gracia.

También deja claro que sus favoritos son los Morgan más puros y sencillos. El 4/4 le parece “exactamente el Morgan que cualquiera dibujaría de memoria”: estrecho, ligero, simple, con esa personalidad y ese rollo inglés que tanto le atrae.

Porque si algo se percibe hablando con ella es que siente debilidad por las cosas con carácter. Incluso, o especialmente, cuando son un poco incómodas.

Organizar una salida “con mucho cuidado”

La conversación cambia de tono cuando aparece el tema de la reciente salida organizada junto a Simón por el Empordà y la Costa Brava. Ahí ya no habla la ingeniera ni la copiloto dormilona. Habla alguien que llevaba meses preparando recorridos, revisando hoteles y cruzando los dedos mirando la previsión meteorológica.

Era la primera vez que organizaban una salida para el Club desde cero y reconoce que lo afrontaron “con mucho cuidado y mucha dedicación”. No desde la profesionalidad de una agencia, sino precisamente desde lo contrario: desde el cariño de quien quiere enseñar bien su tierra a un grupo de amigos. Y quizá ahí estuvo buena parte del éxito.

El recorrido alternó carreteras interiores del Baix Empordà, pueblos medievales casi intactos, tramos agrícolas poco transitados y algunas de las carreteras más emblemáticas de la Costa Brava. Entre ellas, la célebre carretera entre Sant Feliu de Guíxols y Tossa de Mar, conocida popularmente como “la carretera de las 365 curvas”. Veintitrés kilómetros enlazando una curva tras otra con el Mediterráneo apareciendo continuamente al fondo.

“Curva, curva, curva… durante un buen rato”, resume entre risas.

La tormenta que nunca llegó

Como ocurre en muchas salidas del Club, la meteorología añadió su pequeña dosis de suspense. El día anterior las previsiones anunciaban lluvias intensas y tormentas prácticamente aseguradas. Sin embargo, el grupo fue esquivando el mal tiempo durante todo el fin de semana casi de manera milagrosa.

Mientras ellos tomaban un tentempié en un pequeño pueblo del interior, caía granizo pocas horas después en el mismo lugar. La lluvia apenas apareció durante un corto tramo de autovía. Nada más.

“Íbamos pensando todo el rato: ahora es cuando nos cae”, recuerda Mercè. Pero al final consiguieron completar toda la ruta prácticamente en seco. Una pequeña victoria meteorológica muy Morgan.

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El Club que desmonta prejuicios

Hay un detalle especialmente interesante en la forma en que Mercè habla del Club Morgan España. Ella misma reconoce que acudió a su primera salida más por acompañar a Simón que por auténtico interés. Tenía en la cabeza el cliché típico de un club de automóviles… y la realidad fue exactamente la contraria.

Se encontró con un grupo heterogéneo, relajado y enormemente diverso, donde lo importante no era el coche como objeto de exhibición, sino todo lo que sucede alrededor de él: las conversaciones, las carreteras secundarias, los paisajes, las sobremesas y las amistades que van apareciendo casi sin darte cuenta.

Quizá por eso, desde aquella primera salida, ha faltado a muy pocas.

Y probablemente por eso también, cuando Mercè y Simón organizan una ruta, no preparan solo una sucesión de kilómetros. Preparan una manera de enseñar su tierra y compartirla con su familia del Club.

Muy a la manera Morgan. Gracias Mercè!